lunes, 29 de enero de 2001

NINDIRÍ-40.-

Portada del TELENTI-2
(Foto original de RFT)

X400
Asunto: NINDIRÍ-40

Fecha: Mon, 29 Jan 2001 23:54:38 +0100
De: RFT
PARA: nindiri@lettera.net

Así, poco a poco y nube a nube, hemos llegado al 40.
Y tengo que contaros que ya he conseguido grabar el
«TELENTI-2» . Han sido dos meses muy intensos y lo he conseguido incluso sin la ayuda de Jv, al que debo advertir que no he metido nada de "Miranda Warning"; y me refiero a Jv, ¡¡¡a ese Jv!!!
Todo este ímprobo esfuerzo no hubiera sido posible sin que Jl
que no me lee lo soportase, diciéndome:
―Esto sí, esto no…
Y así durante dos meses.
Tampoco lo hubiera conseguido si Jm no me dice cómo se graba un "Cd" de varios "Cd's". Ya sé que os parezco un poco imbécil, pero Jm, que bien lo sabe, pese a ello, me ayuda.
El TELENTI-2 tiene su origen en el TELENTI-1 y esto, que seguramente os parezca una estupidez, tiene su explicación. El TELENTI-1 lo hizo Crl y es inimitable, porque ya sabéis cómo es Crl y las cosas que hace. A mí esto, si no es por Crl no se me ocurre. Realmente se me ocurrió un día en que tenía que poner música en casa de Y ─que tampoco me lee─ y la gente decía que no iba mal. Hace de eso casi un año, pero el TELENTI-1 ya estaba allí, mezclado con otras músicas. ¡¡¡Eran buenos tiempos!!! Por eso el TELENTI-2 termina con una canción del TELENTI-1; es el homenaje a quien hizo el primer invento, a Crl, que tendrá la primera copia, incluso sin pedirla.
Ahora, vayamos al problema, que es lo que la gente llama:
PROGRAMA DE MANO
• El TELENTI-2, cuando se pudo grabar, era muy grande, así que han salido dos discos, dos "CD's". Dos por el precio de uno o ─como decía M. O. que es de la Fuente del Maestre, del "Miajón de los Castúos"─ por el mismo precio, ¡¡¡alpargatas de hombre!!!
• Está grabado con mucho cariño y procurando un orden caótico y peculiar.
• Al oírlo hay que prestarle atención y saltar o bailar cuando corresponda (¿Y si tengo que ir al baño a hacer pis? Pues si tienes que ir al baño paras el disco, cariño, y luego sigues)
• Para la portada he elegido un culo, que en venezolano se dice "culo". Es un culo respetable y flamenco, algo sexy por aquello de la publicidad subliminal pero, a fin de cuentas, un culo.
• Para la parte trasera, es decir la del culo que, en este caso, va en la parte delantera, he elegido un niño con un balón. (¿Y esto tiene que ver con la intención catárquica que nos quieres transmitir? No, cariño, esto no tiene que ver con nada; no le des vueltas, ha sido al azar...)
• Si se quiere oír el TELENTI-2, como son dos "Cd's", hay que poner primero la parte "A" y luego la parte "B"; la parte "A" es la del culo, que en venezolano se dice "culo" (no "pompis") y la parte "B" es la del niño con el balón. Es decir, hay que elegir entre culo o niño con balón, pero no funciona si ponéis los dos discos juntos, haya o no "P'tinto". Primero ponéis un disco y luego el otro (¿Y vale saltarse las canciones? Pues no, cariño, hay que oírlas en ese orden porque si no se fastidia el invento, es decir, ¡se jode el disco y la intención poética! Pero... ¿si no me gusta una canción...? ¡Pues te aguantas y la oyes!, cariño)
• ¡Bien! (¡esto es agotador!). Es posible que alguno se pregunte: ¿Y por qué no pusiste aquella canción que yo te dije? Pues..., porque se me olvidó. Pero... ¡si yo te lo dije! Sí, cariño, pero se me olvidó. ¡¡¡Y ya vale!¡¡
Pero... ¿en quién estabas pensando cuando grabaste la pista 8 del segundo disco? En ti, cariño, pensaba en ti.
Pero... si pensabas en mí, ¿por qué no pusiste la canción que...? ¡PORQUE SE ME OLVIDÓ, ¿vale?!
• Bueno.
• Sigo.
• Para tener el TELENTI-2 (incluido culo y niño de o con balón), hay que pedirlo, es decir, hay que tomarse el esfuerzo de mandarme un mail (incluso tú, Jv) y pedirlo. En el mail hay que poner nombre, apellidos, dirección completa y si te gusta la tarta de galletas con mermelada de fresa. No hay que poner el grupo sanguíneo, ni el número de la Seguridad Social.
¿Hay que mandar sellos? No, cariño, no hacen falta sellos.
¿Y qué pasa si me lo mandas y no suena? Pues, en ese caso hay que hablar con Jm.
¿Puedo hacer copias del TELENTI-2? ¡Allá tú, cariño, pero si las haces no pongas TELENTI-2! ¿Vale? A P no le gustan estas cosas del apellido y, a fin de cuentas, yo soy FERNÁNDEZ, como hay quién es RODRÍGUEZ, pero lo de "TELENTI" no fue idea mía, fue de Crl; ¿te acuerdas cariño?
¿Puedo hacer copias del culo o del niño con balón? No, no puedes.
¿Y cuanto cuesta? ¡Buuufff!, como dos meses, pero costar, no cuesta nada. Sólo hay que molestarse y mandar el mail. (¿Y si no mando el mail? Pues no hay TELENTI-2, ni culo, ni niño con balón).
¿Y de quién es el culo? Es tuyo, cariño, ¿de quién va a ser?
Pero... ¿es que este culo, no se parece al mío? ¡Y tú qué sabes! ¿Te has visto el culo alguna vez?
• ¡Ya basta de "culos"! En venezolano también se dice "culo", pero con otra entonación.
¿Puedo pedir un conejo, un pato, una gallina...? ¡No!, los conejos puedes venir a verlos y darles de comer, pero no caben en el "CD" y en cuanto a patos y gallinas, no son plegables. • ¡¡¡¡¡¿Alguna otra pregunta?!!!!!
¡Y esto es todo amigos...!
O casi todo...
Besos y abrazos.

P.S.:
¿...Y si no me gusta la tarta de galletas con mermelada de fresa...?
¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhh!!!!

Contraportada del TELENTI-2


miércoles, 24 de enero de 2001

NINDIRÍ-39.-

X400

Asunto:

NINDIRÍ-39

Fecha:

Wed, 24 Jan 2001 23:21:52 +0100

De:

RFT

PARA:

nindiri@lettera.net

Hoy he bajado tarde, ya anochecido, a cumplir con los deberes de mi soledad, que son los propios de mi sexo.

Hace años tuve la fortuna de asistir a un juicio de faltas en el antiguo Juzgado de Distrito de la calle Prim. Yo había ido a celebrar el mío, que trataba de un señor que no había querido pagar unas codornices en un restaurante del que yo era asiduo cliente, alegando que estaban pasadas, y montó tal escándalo que, como estaba comiendo allí medio Ministerio del Interior, cuatro generales de división y algún que otro conspirador, no hubo otro remedio que detenerlo (hay gente muy imprudente en este mundo, tanto mujeres como hombres, ya que estamos con el delirio del género y del sexo). A mí no me preocupaba tanto lo de las codornices, como el que hubieran llamado hijo de puta al dueño del restaurante que, a lo mejor sí lo era, pero que mi amistad con él me obligaba a defenderle en su honor mancillado y esas cosas, pese a que él se empeñaba en defender que las codornices no estaban pasadas y pretendía demostrar, ocho meses más tarde, el estado de tales codornices, que el cliente, una vez arrestado, debió vomitar tras la somanta de palos que le propinaron unos sesenta y dos guardaespaldas y chóferes, los cuales, también al abrigo de sus respectivos jefes, merodeaban una fuente de jamón serrano y algunas tortillas de angulas.

Decía yo, pues, hace ya algunos renglones, que había ido a la calle Prim a celebrar un Juicio. El Juez era completamente sordo y, lo que es peor, nadie le hacía caso, pese a que abusaba de una campanilla que tenía sobre el estrado y que blandía como si fuera un megáfono. En la espera, entre juicio y juicio, los abogados nos arremolinábamos al fondo de la sala consultando los expedientes y recibíamos, sin mucha aprensión, los campanillazos de Su Señoría llamándonos al orden, no ya porque oyera nuestro pequeño escándalo, sino porque teníamos las piernas cruzadas o masticábamos chicle, incidente éste que provocó una situación compleja, pues en uno de estos felices campanillazos, una joven abogada a mi lado descruzó, obviamente, las piernas, ante el insistente requerimiento judicial, obligando a nuestro Juez a rogarle, sonrojado, que permaneciera con las piernas cruzadas.

El caso es que yo estaba absorto preparando mi inmediata Vista sobre la prostitución de las codornices y no recuerdo bien los términos de uno de esos juicios que se estaba celebrando, en el que, según indicaban todos mis compañeros, la abogada de la defensa estaba teniendo una actuación nefasta, de esas que mantenía Vittorio de Sica en una película de hace muchos años, cuyo título se me escapa, y en la que cuando el Fiscal pedía una condena de seis años para un desgraciado, de Sica se irritaba y conseguía, indignado, que le condenaran a doce, dando lugar a una flagrante violación de la "reformatio in peius" y a otras liberalidades que el cine se permite con estas cosas de los abogados y que consiguen que todo el mundo, incluso vosotros, se haga una opinión de los abogados tan heroica, que es mentira. Sin embargo, finalizado el juicio de la susodicha abogada el Juez pronunció el temible "visto para Sentencia" y cuando la abogada se acercó a darle la mano, costumbre que ya empieza a perderse, el Juez le dijo, ante su temible y horrorosa defensa:

―Muy bien, señorita, ya puede irse usted a su casa a ocuparse de las labores propias de su sexo ―en clara alusión a que su futuro en la abogacía era penoso.

Tal comentario, probablemente, le hubiera costado hoy a Su Señoría un expediente disciplinario, pero de eso hablaremos otro día, porque yo estaba refiriéndome a las labores propias de mi sexo al principio de este mensaje…

Y estando ahí, "laboreando", me he encontrado a Lúa dentro del gallinero. Pero lo que me ha desconcertado más es que no he conseguido saber por dónde ha entrado, porque salir, lo que es salir, no podía hacerlo.

Llevo ya varios días desconcertado. Se marchó Paco y se me han complicado el saber y las obligaciones. También ando cojo. El sábado se escaparon un par de conejos del "Paraíso". Entre persecuciones, vallas y al saltar desde la finca de al lado ―"Estelí"― en aplicación de los artículos 612 y 613 del Código Civil, caí mal en un lugar en el que en vez de haber tierra a mis pies había un tocón de madera de un antiguo árbol. Al principio no pasó nada, cosas de trabajar en caliente, pero por la noche tenía el tobillo como un salami; y todo por un conejo que, incluso hoy, tras haberlo atrapado el sábado, no sé dónde está pues la pareja del gallinero, en cumplimiento de las normas naturales, despreció la casita de madera que dispusimos y cavó bajo tal refugio una madriguera en la tierra en la que, seguramente de frío, murieron nueve crías el viernes por la noche.
Por eso y por la rabia, trasladé la pareja al cercado nuevo, al "Paraíso" y el macho anda todo el día persiguiendo al conejo negro que yo, a costa de mi tobillo, capturé el sábado.

Sebastián, que lleva un registro de todas estas cosas, no acierta a comprender que un macho persiga a otro más pequeño, sobre todo porque le consta que perseguidor y perseguido son padre e hijo, y cuando trato de decirle que no lo saben, me habla del Paraíso Terrenal, del árbol del bien y del mal y de la manzana, la dichosa manzana, en claro síntoma de que ya han empezado a socavarle en la catequesis. Esta mañana me ha empezado a preguntar algo sobre "...si Adán y Eva no hubieran comido..."; y yo, que conduciendo soy también como una planta carnívora, le he respondido abruptamente que todo eso eran sandeces, arriesgando seguramente una de esas sesiones religiosas en la que los niños dicen: "...pues mi padre dice que..."

Mi comentario o exabrupto ha debido ser eficaz pues, a continuación, Sebastián me ha dicho que su abuelo tenía un calendario de Atapuerca y me ha preguntado qué era eso de Atapuerca, lo cual he aprovechado para echar más tierra sobre Adán y Eva a costa de Leakey, Lucy y la convivencia de los cromagnones con algunos homínidos superiores, según llegaba, lloviendo a mares, al dichoso cruce de la carretera de Algete.

Tengo sensación de abandono, de un mayor abandono que se promete complejo cuando apunte la primavera, y estoy cansado de estar aquí solo. Hace unos días, al volver de La Cabrera de pagar mis impuestos (que es lo que según algún imbécil justifica el que mis derechos sean distintos de los de los emigrantes o de los "sin papeles"), encontré a Arturo el pato, que ahora se llama Emilia (?) según Sebastián, medio comido por las dos perras. Estaba vivo-viva y me conseguí un par de cadenas para sujetar a los "depredadores/as" que me han salido en esta casa. Pero todo funciona mal y triste, como el tobillo, aunque Nicolás ya ha vuelto, ha instalado su batería en el garaje y aquí hay "conciertos" los fines de semana.

Tengo también que hacer una lista de compatibilidades entre flores y hortalizas, aunque me arrastro desde comienzos de año con un grave problema personal que no logro camuflar ni sentado. Abro la conejera grande y me siento allí a repartir zanahorias, como Blancanieves. Luego, de madrugada, empiezo a situar estrellas que viajan hacia poniente, descuido más mi aspecto y procuro que no me golpee nada o nadie más.

En cuanto a las perras, pasean por mi noche descontrolada, mientras se desmorona la existencia o la hacienda de aquí al próximo año y medio. No encuentro catálogos de semillas, aunque no he pateado la calle Hortaleza y busco donde sembrar trigo sarraceno.


miércoles, 10 de enero de 2001

NINDIRÍ-38.-


X400

Asunto:

NINDIRÍ-38

Fecha:

Wed, 10 Jan 2001 00:41:50 +0100

De:

RFT

PARA:

nindiri@lettera


¿Por qué yo no tengo nunca la llave de vuestra casa?

Y como dijo quien lo dijo: ¡El que quiera entender que entienda!

Así escribí yo con odio la otra noche, porque descubro, al pataleo, que no soy muy de fiar en algunas cosas, por ejemplo en la estabilidad; pero nunca me dan las llaves.

Al no ser estable, sino gaseoso (¿no hay una canción de Mecano que habla de esto?), exploto con facilidad, de forma imprevisible y me hago volátil, que es algo que se aplica a la nitroglicerina, que no es un gas.

También hay quien piensa que los submarinos flotan por sí mismos y que si se deja un submarino al pairo, por ejemplo en la bahía de Algeciras, que no es la de Gibraltar, pues flotará y seguirá a la deriva aunque se le rompa una burda, cuando lo cierto es que los barcos están pensados para flotar, ya que hay algo que siempre les impulsa, aunque sea algo sujeto en un tangón. Pero cuando no hay impulso, aunque sea nuclear, las cosas tienden a lo que los franceses llaman "chavirage", que de "Fasnet" entendemos algo todos, y que los vientos de fuerza "7" no permiten a los submarinos flotar; ni tampoco al pobre Tabarly, que desapareció por la borda o se tiró y pasó a engrosar la lista de los que no están pero no se sabe dónde están; lista gruesa.

Y pese al impulso, si cuando uno hace agua fuertemente al venir el viento por la aleta, que los cursis llaman de "través", no se cubren las escotillas con lona alquitranada y sujeta con mojinos ("escozíos" o no), incluso los submarinos, que como todo el mundo ha visto no tienen palos ni tangones (ni siquiera aparejo de cangreja que ya no se estila), pues o se dan la vuelta o se hunden, como algunas naos que llevan lastre de piedras.

Tengo mi mano derecha rajada, a rayas, por donde os pegaban de pequeños. Ayer, al trasladar los conejos a la nueva zona abierta ―que nos va a costar un disgusto con alguna autoridad sanitaria inconcebible―, Paco me dijo que a uno pequeño y bien blanco se le había roto una pata. Paco coge a los conejos por las patas traseras y los llevó al "Paraíso" como al matadero. Y Paco estaba triste, porque romperle una pata a alguien es depresivo. Bajé dejando mis preocupaciones y esas cosas importantes que hacen los que sobreviven, y van por tierra, no por mar, examiné al conejo y, efectivamente, tenía una fractura limpia que le inutilizaba una pata trasera, pero el pobre seguía allí, resignado, porque los conejos no gritan, ya que no son gases volátiles y sí son de fiar. Así seguí el resto de una tarde triste y torcida en que me traje a las perras al abrigo de esta chimenea a la que no queréis venir nunca (¡mira que os lo digo veces!) y entré en la noche con los problemas propios del que quiere grabar música y no conoce el orden de las canciones. Luego, hacia las cuatro de la mañana, me volvió la dolencia del pequeño conejo y ayudado en el corazón por uno de estos médicos que están todo el día pendientes de que seamos buenos y felices, intentamos entablillarle con un trozo de pinza de la ropa, usando de venda uno de los paños que Juani utiliza para los cristales y que obtiene de desechar mis calzoncillos. En la operación ―compleja por cierto, no tanto por la hora como por la fractura, que era difícilmente reducible, rechazando siempre los principios eutanásicos que os dan a todos, que queréis ir matando conejos porque sus patas se han roto―, el animalillo me arañó repetidas veces la mano, dejándola como si me hubiera peleado con Jesús Gil, aunque tecleo.

Esta noche ―que no es la anterior de las actividades clínicas y no tan clínicas―, he acompañado a Sebastián mientras cenaba puré de zanahoria, sentado en esa silla que le ponen en la cocina y con la que nunca consigue llegar a la mesa. Aparte de preguntarme si el nombre de "Héctor" es realmente un nombre o "si viene de algo" (sic.???), me ha dicho que ha empezado la catequesis y que cuando venga Raúl les enseñará varias cosas. "Raúl", que se llama "DON RAÚL", pequeño, huidizo y fumador persistente de "Ducados" y grandes puros, es uno de estos curas que el Opus llama "asociados", a los que deja que controlen Parroquias. Y Sebastián, que es un niño dulce y sensible ―como yo debí de serlo―, descubrirá prontamente los misterios de esto que se llama religión y nosotros llamamos "influencia cultural negativa en el desarrollo de los niños". Además de recitarme completamente, a cucharadas de puré, "la Salve", sin errores, ni siquiera en el "suspiramos gimiendo y llorando los desterrados hijos de Eva" (¿cómo se gime y llora al mismo tiempo que uno es desterrado a la Isla de Fuerteventura como Don Miguel de Unamuno?), Sebastián muestra tendencias que me son conocidas y que, en manos expertas, pueden acabar reventando la sensibilidad de un ser que ya no es niño.

Vosotros, que os podéis ver en las fotos que tenéis de cuando erais pequeños, que os identificáis en ellas, como os veis en vuestros propios hijos, ya me podéis rezar algo distinto de una Salve para que no me rompan a Sebastián con estas cosas. Y como ninguno sabéis traducir o entender el "Tantum Ergo", pues llegados al segundo verso os inventáis el latín apoyándoos en el murmullo de lo que los demás creen que cantan, pues os abrazáis a alguien, aunque sea a un árbol, y me protegéis a Sebastián de esto del mal de ojo que nos viene a recubrir, para que siga adelante.

Luego, pensando en Dt, ya veremos cómo nos cubrimos de los deseos sinceros, tiernos y cariñosos que tiene Sebastián para mi felicidad.

En cualquier caso, evitad la costa a Sotavento.

domingo, 31 de diciembre de 2000

NINDIRÍ-37.-

«El niño de la chapa»

(Fuenterrabía, mayo 1998)

(Foto original de RFT)

X400

Asunto:

NINDIRÍ-37

Fecha:

Sun, 31 Dec 2000 21:17:22 +0100

De:

RFT

PARA:

nindiri@lettera.net


Cuando llamaron los niños esta mañana,
me quedé más relajado

al saberlos rodeados de nieve
y dispuestos a comerse el mundo,
que muchas veces sólo es de turrón.
Me acordé de Pany

y del aislamiento que ello supone.
Vivo felizmente rodeado de sonrisas tristes,
sin hacer lo que tendría
y con el día de noche y la noche de día.
He recibido hasta nueve invitaciones

a cenar diversas cosas,
a cenar molinos preciosos

y campanadas, digo yo.
Eso ha de ser que puedo compartirme,
aunque sea por un rato,
pero no me apetece soltar mis estrellas.
Quizá debería bajar al pueblo.
A fin de cuentas
soy el único abogado que tributa en esta zona,
por eso han debido cobrarme el IAE dos veces
y algún derecho a pasear me he ganado.
Cuesta salir de donde uno está cada día,
pese a lo que mucha gente se empeña,
aunque siempre hay quien no se empeña en nada
y aún así subyace,
o quizá,

debería decir subsiste.
Yo lo hago con las manos
que me han dejado abiertas.
El caso es que hay ciertos días
en los que no se puede ser uno mismo,
ni siquiera haciendo trampas.
Enganchado a mi corbata de pequeños conejos,
encenderé una vela por los que me insisten y no me necesitan
y encenderé otra por los que sí me necesitan y no me insisten.
Ambas a Dios,
porque al diablo,
yo no le enciendo ni velas:
ya me enciendo yo.
Me cubriré de índigo y granza por lo que no hice
y de azul y naranja por lo que ya hice.
Luego,
hacia el martes,
viviré desenrollado,
en gajos,
como leí,
con acanaladuras repujadas.
Mañana,
no tan temprano,
cubriré nuevamente las lechugas
y quitaré las hojas muertas del madroño,
recordaré el ramadán de mis ausencias
y daré gracias al viento por poder seguir leyendo.
Es un viento del Oeste
que trata de meterme miedo por las noches,
pero ignora que hemos abandonado las zanahorias
al pequeño topo que se ve desde la cocina
y que,
aquí,
es un lugar para ver cosas.
Plantamos árboles para que los toquen otros.
Los niños,
todos los que son niños,
no alcanzan las ramas
(sólo se suben).
Cuando las alcanzan,
ya no son niños
y así sigue el ciclo.
Cambiamos sonidos,
ensartamos nubes que no son tejibles.
Y pasa el año,
todo se rompe,
muere y brota,
mas nadie recuerda ya

los arenales de Byrsa.


P.S.:
Para Sebastián...

(...) Y para la madre de Sebastián:


"Los niños que dejamos atrás,
viven dentro de las chapas que no cogimos,
bolsillos de caramelos chupados,
galletas perdidas,
escondites de cromos y canicas,
en donde flotan las burbujas
y los restos de globos,
lugares a los que no volvemos,
espacios de cuarzo y arena de parque,
que podemos extender
cuando liberamos suavemente el calzado,
antes del baño.
Niños de cabeza rapada,
que saben hacer lo que no hicimos,
pero no pueden abarcarnos...;
sólo pueden y quieren
tendernos sus pequeños brazos."

jueves, 28 de diciembre de 2000

NINDIRÍ-36.-

SEXO DE LIMÓN
(Original RFT)

X400

Asunto:

NINDIRÍ-36

Fecha:

Thu, 28 Dec 2000 21:12:49 +0100

De:

RFT

PARA::

nindiri@lettera.net

« (...) Maneck deseó haber acompañado a su padre más a menudo en sus paseos. Deseó que la alegría, el entusiasmo que había mostrado de niño le hubiera durado los últimos años, cuando su padre más le necesitaba. En cambio se había avergonzado de la efusividad cada vez mayor de su padre hacia los arroyos, los pájaros y las flores, sobre todo cuando los aldeanos habían empezado a hablar del extraño comportamiento del señor Kohlah, su forma de dar palmaditas a las rocas y acariciar los árboles...»
(ROHINTON MISTRY: "Un perfecto equilibrio"-Ed. Mondadori-Barcelona 1998)

Hoy por la mañana hemos empezado a tender la malla de alambre que ha de cubrir el suelo de la nueva conejera. También hemos puesto los postes que sujetan el cerramiento. Es un espacio grande y abierto que hemos elegido entre pinos y contra el muro de piedra de "Estelí", la casa donde murió el perro de los vecinos. Me he permitido llamar así a esa casa sin nombre que me acompaña vacía y triste por las noches y que sería la extensión natural de "Nindirí".
Paco quiere dividir en dos el espacio, por aquello de las peleas de conejos. Yo no quiero y hoy hemos hablado de ello al extender la malla. Hay que hacerlo en un espacio abierto y con distintas madrigueras que Paco quiere hacer de ladrillo y yo de madera, aunque la madera se moja, como la gotera que hay en el dormitorio de abajo.

Al no aislar la hembra más prolífica ―la única diría yo, porque ya sabéis que hemos descubierto que Cristina no es Cristina, le pese o no a Sebastián― murieron hace unos días cuatro nuevas crías, seguramente aplastadas. Por eso he decidido hacer una conejera grande, al aire libre, salvaje, para extender la costumbre por toda la casa.

Tengo una deuda con algunos de vosotros de las que aparecen en estos días y que implican acordarse de todos los demás. Comienzo agradeciendo a M sus líneas, que son tan tiernas como su oculta timidez, llenas de luces. M se pasa el día al teléfono con cosas de camiones, así que, desde aquí, le recuerdo, porque hoy es la primera vez que recibe este mensaje. Quizá quiera seguir recibiéndolos, pero ya me lo dirá él y se lo dirá a JR, que es francés, pero no es francés.
En cuanto a MJ, raro es el día en que no me manda algo divertido, haciéndolo sin pedir nada a cambio, como siempre lo hace todo en esta vida. Hoy estará empujando a su hermano, porque hoy hay que empujarle, en estos días; como sé que se interesó L (que es D) por él. L siempre está en el lugar en donde no queremos estar y sin embargo es fuerte y tengo que dedicarle este recuerdo para que lo siga siendo; como lo es C, a la que siempre recuerdo porque al archivar sus mensajes todo mi navegador tiembla.
Recuerdo a C que corre ahora entre los canales de San Juan. Todos los días, momentos bajos o complejidades, hay un mensaje de C. Siempre hay un mensaje de C para hacer el día apacible. Hoy, el servicio de Correos me anuncia también un paquete de ella. Ha engrosado mi colección de ejemplares de "LA ISLA DEL TESORO" y ha hecho feliz a mis hijos con sus detalles.

Cv también me felicitó; Cv, que siempre llama en momentos tan raros.

Recuerdo a I, que aparte de hacer la mejor tortilla de patata del mundo, intenta poner la cabeza en el hombro de R de vez en cuando y a la que R quiere más de lo que me quiere a mí, pero no se lo dice...

...Como lo dice An, siempre lo dice An...

También lo dicen A y P que siempre han de ir juntos, no sabemos por qué.

A, que me recibe y no me lo dice, como Ar, igual que Ar.
O el "DOCTOR" que nunca está cuando pinchan a mis niños y me dio una lista para mi análisis de sangre de hace un año que cubre dos páginas y no me lo hice. Algún día tengo que hablaros del "DOCTOR", que es el de la barba roja y suave, no como el otro C.

Y C, que está en casa, y es el único que me ha recordado lo que es el silencio, que es el que P intenta transmitir, mientras D me recuerda las referencias de mi padre y de mis hijos, ya que es la única que se acuerda, pese a que me haga saber las intenciones de Sebastián que son hacia E, siempre E, la de los ojos zarcos que mi tío G miraba.

A Pili-Doris, que está en el armario con Rajaram, el recogedor de pelo.

F, que no me escribe, me mandó un dibujo precioso que imagino de su niño o niña (¿o son varios?) y E me hizo llegar un libro, hace tiempo, aunque se me aparece oculto y es él el que debería escribir, sobre todo publicar, lo que L le dice.

G tampoco me escribe, aunque piensa que yo, al lado del mar, no me comporto con las señoras como es debido, aunque se trate de una señora de cuento tejido en oro, que anda muy lejos, adora el chocolate y es quien siempre me ha querido bien, "la única que me ha querido bien", según dice E.
I, que es también Lsm y L, o sobre todo P, me mandó un Papá Noel vergonzoso, parecido a B.

Me llamó M cuando andaba por el salón de plenos averiguando mi correo. M me llama y me quiere, pese a que nunca le correspondo. Tampoco lo hago con J: ¿dónde estará J?

T me ayudó a entender a Angel González y me ha hecho llegar una tarjeta muy activa y simpática.

J me lee tranquilo. Tengo que traer a J para que coma con Jv y El en "La Becada", al arrullo de San Mamés que Paco y yo no encontrábamos esta mañana en el mapa, al no orientarlo bien. Eso de la orientación es tan socorrido como hablar del clima. Produce simpáticas discusiones. ¡Probadlo!

Recuerdo que mando a H y, sobre todo, a M, que le apuntala, lo cual no es poco, que me han mandado una felicitación preciosa con texto de Isaías, su hijo pequeño, que dice así:

¿Acaso olvida una mujer
a su niño de pecho,
sin compadecerse
del hijo de sus entrañas?
Pues aunque ellas
llegasen a olvidar,
yo no te olvido.
(Isaías 49,15)

No me olvido de M, que se llama M Á, al que vamos a traer a esta casa para que se emplee a fondo con el otro M Á y viceversa. El primero anda por aquí, arrimado a O y el segundo entre las nieves y los niños, en la curva azul de las Dolomitas.
Tampoco me olvido de algunos niños: de Nicolás, que ya me habla, de Á que empieza a hacerlo y del otro Á que trata de entender a R y a I, cosa difícil; de J, hoy tan desamparado y que su madre dice que no le quiero, pese a que siempre sonríe; de Sebito, el de Franco el francés; de O, del abandonado Th, de I, que no es niña pero lo quiere, de la otra I que es la sonrisa que siempre está al lado de J; del propio J; de T, que a veces está y a veces no está y que quiero que venga unos días a perderse en esta casa; de J, siempre J, tan callado; de T, tan grande y tan cariñoso; de A que siempre lo cuenta todo, mal que le pese, y al que su padre considera su cruz, cuando H es también la paz de A; de mi niño D, que no es el de J, al que también tengo que traer aquí como un niño; de J y Enrique, aquél tan tímido y gordo, con sus angustias, sus nubes y su carencia de algún perro o poema, y de éste, el hermano de Jorge, el otro Jorge, que hacía un año que no veía aunque su hermano sí estuvo aquí; como lo estuvo P, que ya va de traje, hermano de aquél y no de éste; de J, que le viene grande a J; de P, de G, que en sus nieves de helado aún no ha venido a cavar algún agujero en esta casa, como tampoco ha venido G, el otro, el pescador de lucios y conocedor de anguilas; de M, de Morgana, hermana de Galván, compañero de Lanzarote del Lago y que no es la novia de Sebastián, que me ha dicho que viene mañana y ha venido hoy.

Entre los niños, tengo que mandar un abrazo fuerte a Mar, un abrazo lleno de sal de San Antolín. Mar amanece todos los días por nosotros, pero yo no sé escribir sin lo que me sugiere C, que no es que no me quiera, sino que es una parte de mi alma que consigue que yo escriba y que me traslada a gente que hace críticas gastronómicas y descubre testigos falsos, todo lo cual podría arreglarse comiendo unas cebollas rellenas en Toró, el mar de Toró que es A del M. C tiene que conseguir que F, el marido de J, conozca al padre de Alba.

También a M y a J que siempre andan en las nubes. A M, aunque no nos vimos en su última visita, pero que me lleva entre notas y a M J, que ya no peca, según dice M, porque M peca al menos por haber abandonado a Sebastián, aunque sea por cuestiones de estrellas, que es lo que hacen los astrofísicos.
Nada sé de N, entre los miradores de San Nicolás y San Cristóbal, que es donde está la foto que H ha mandado de mi Isaías. N debe andar con el viento que azota mis limoneros y triste, porque no hay derecho a sufrir las muertes ajenas en Granada. Nadie debe morir en Granada injustamente. Granada es para vivir entre cielo y arrayán.
En cuanto a U y a M, les envío besos de mazapán y les hablaré de R que anda por Frankfurt.

Voy a despedirme de vosotros con un bosque, el de T. Es un bosque de agua en el que los niños buscan castañas y avellanas, donde vive I soñando a M.

Que alguien os dé paz, si es que no aceptáis la de Dios, y que os abracen fuerte, como yo lo hago.



martes, 19 de diciembre de 2000

NINDIRÍ-35.-

EL PASO DEL NOROESTE
(FOTO NASA)
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Asunto: NINDIRÍ-35
Fecha: Tue, 19 dec 2000 15:52:41 +0100
De: RFT PARA: nindiri@lettera.net


Había pensado mandaros algo ahora, para Navidad, y quizá lo haga desde algún lugar en donde viva hoy mi ternura que, seguramente, estará entre hojas de colores, porque ya os he dicho, citando a Chenier, que "...yo causo dolor a los que me aman..."
Subo con el frío pegado a la espalda, tras mi ronda nocturna de comidas diversas, y me miro las manos. Las tengo, afortunadamente, llenas de sanas heridas pequeñas que no me aparecen por abrir sobres o poner demandas y querellas, sino por los pequeños lametazos de Nala (lengua que tiene dientes), por los enganches en las mallas de las conejeras y los de la pequeña abertura del gallinero grande, por picotazos alegres que me dan algunas gallinas atrevidas y por clavos y tornillos que ignoro.
Dice Isa que debo dejar a las perras deambulando por la casa, para que me calienten los pies por las noches.
Digo yo que antes debo renunciar a mi costumbre de que la casa aparezca limpia y provocar mi desorden sin revuelos y tensiones, acostumbrar mi espíritu a todo lo que signifique alegría o a desbaratar las cebollas por los rincones.
Esa renuncia no es más que lo que todos llamamos desapego: desasirse de lo cotidiano que nos posee.

Algunos días riño al pequeño Sebastián porque me llena de migas los sofás del salón, pero quizá deba volcar yo, deliberadamente, esas migas, cortezas, pequeños trozos de chocolate o cáscaras de avellanas y castañas que, en su fruto, dejaron aquí los que se fueron. Es algo así, como cuando en prevención de mis miserias me aconsejaron que trabajara con arcilla en unión de los niños, de todos los niños, los míos y los vuestros, y los que tenéis escondidos en vuestro corazón y sacáis a pasear por las noches de miedo o, sencillamente, cuando nadie os ve.

Ya llevo un año aquí, pese a vosotros o gracias a vosotros, que es tanto como saber que es "con" vosotros. El paisaje y las ramas me son familiares y tienen sus nombres, mientras todos observamos fijamente, sin acudir al pasado o a la angustia del porvenir, esos gorriones que quedan atrapados temporalmente en el gallinero, cuando acudieron a rescatar la cuota que en todo acto de amor les corresponde.
En ese año, ciertamente, he podido defraudar vuestras perspectivas, vuestros proyectos o vuestras aspiraciones sobre mí.

No os pido perdón por ello; de nada sirve y debo empezar a ser "así". Pero seguro que podéis compensaros en mí mismo, en mis letras o en mis amaneceres, si es que no tomáis la decisión de recostaros en mi hombro.

En el camino de abajo han brotado extrañas flores malvas, en lugar de setas; quizá se vislumbre un lugar fresco donde poder tumbarse en primavera, porque, a veces, hay primavera, como hay algodón en rama.
Mi padre, que también va asentándose conmigo, pese a sus renuncias, así os lo recuerda.

viernes, 8 de diciembre de 2000

NINDIRÍ-34.-

«RÍA DE LA RABIA»

(FOTO ORIGINAL DE RFT)

X400

Asunto:

NINDIRÍ-34

Fecha:

Fri, 08 dec 2000 00:54:43 +0100

De:

RFT

PARA:

nindiri@lettera.net

Cuando decidí ampliar la zona de los patos, hace ya algunos días, no pensaba en tener un tiempo tan otoñal, tan lluvioso. Tanto es así que no he podido evitar un nuevo encharcamiento por falta de un buen drenaje, aunque la tierra que he cercado tiene mayor consistencia que la que rodea el estanque. Cada cierto tiempo (unas dos semanas) vacío el estanque y limpio en lo posible el envase, para que estos patos tengan agua fresca. Sólo Arturo se limpia a conciencia, pero los demás, aún jóvenes, permanecen con el plumón del pecho de un sucio amarillento, resultado de su descanso sobre la greda. También he cambiado la dieta y, no fiándome del pienso molido por las impurezas y harinas, les doy grano mezclado en tres proporciones: trigo, avena y mijo; mezcla que, aunque mantiene las impurezas propias del deshojar o descascarillar los granos, es más propicia al crecimiento y ―fundamentalmente― a la salud de estos pobres que soportan estoicamente la llegada del invierno con la cabeza bajo el ala.

Dos son los cuentos que más recuerdo de mi infancia: "La Isla del Tesoro" y "El Maravilloso Viaje de Nils Holgërsson a través de Suecia". Éste segundo, verdadero manual de geografía para niños sobre tierra que aquí nos es extraña, es un verdadero tratado sobre los patos salvajes y a mí me queda la esperanza de que alguna mañana, al bajar con la reciente escarcha y tras un primer café ―mi ansiado café marítimo que me despierta―, me hayan emigrado algunos patos para regresar en primavera.

Son malos tiempos si veo polillas acechando en las ventanas al resplandor de la luz, moscas en la casa, o si encuentro mosquitos (sí, mosquitos) en el baño de abajo, donde tendemos la ropa al abrigo de la humedad exterior. No pueden ser más que excesos del cambio climático por mucho que llueva, por mucho que escarche o rocíe.
Ya no veo petirrojos. Parece que sólo abundan en zonas caras, como los aledaños del golf en "La Moraleja" o los que recuerdo con cariño y junto a Mario en "La Horizontal". En esa ausencia descuido los comederos que ahora deberían estar repletos de sebo, pero es que no recuerdo pedirlo en la carnicería, al igual que olvido los huesos de Lúa.
Ayer, cuando paseábamos hacia el pueblo, entre niños y seres mágicos que vuelan por las nubes, unos chicos nos advirtieron de la presencia de un cachorro abandonado en unos contenedores de basura. Me acerqué y bajo un gran cubo verde yacía asustado, mojado y huraño, un cachorro redondo, sucio y peludo, como una bola. Al sopesarle con cuidado, pues no se dejaba acercar, descubrí que se trataba de una hembra, probablemente de un mastín español, algo cruzado, color mostaza y con esos ojos rasgados que asemejan maquillaje en los mastines. La envolví en una bolsa y me la traje a casa, con Lúa preocupada.
Lúa, que duerme con Miércoles sin sobresaltos, se acostumbró pronto a esa presencia, aunque Nala ―así pensamos llamarla salvo mejor opinión vuestra; se aceptan sugerencias―, pasó mala noche, estuvo inquieta, se dejó abrigar poco y amaneció temprano.

Aprovechando haber terminado la sesión de antibiótico que hube de dar a Lúa estos días, incluyendo varias inyecciones por una infección próxima a la parótida, bajamos hoy a ver a Begoña la veterinaria. Antes, con un amanecer que fue soleado, busqué nuevamente el inicio del pienso para cachorros que me vendió Fernando ―que dice que se llama Luis― y me mezcla el grano que antes os expuse.
Nala está bien, pero tengo que desparasitarla y cuidarla de estos fríos y humedades. Como Miércoles, me aparece con edad sobrevenida y sin control, con síntomas de haber sido maltratada, pues no tiene otra explicación su carácter huraño. Tras las pastillas, en unos días, iniciaremos las vacunas, pero como la llegada de Lúa vino acompañada de varias infecciones, ya estoy curado del susto y de los rigores.

Todo esto me hace pensar en mis manías y terquedades, en reacciones bruscas y destempladas que puedo bien curar con semejantes ejercicios de humildad y tolerancia ante los desórdenes que se avecinan y que son tan lógicos como los movimientos y el caminar o deambular inicial de los niños pequeños. También me hace más sensible o, más bien, me empuja a sentir más las cosas pequeñas, en esa tristeza que me acompaña al pensar en los niños, en esos niños pequeños que debería acoger, quizá en lugar de hacerlo con perros, patos o cualquier animal que aquí se acerca.
Si yo reflexionara lentamente sobre ello en estos próximos días, sacaría fruto de donde el hastío y la inmadurez, esa que fomento, se enconan, pero me resulta imposible compatibilizar mi trabajo diario con estas cosas sencillas y pequeñas que me rodean, por mucho que me acompañe la lentitud…,

porque así como no consigo hacerme simple,

lo cual ya os he dicho algunas veces,

tampoco alcanzo el placer de lo quieto,

de lo que duerme

simplemente por dormir,

o de lo que,

reposando en mi interior,

no consigue mejorar la mejor de mis sonrisas.


jueves, 30 de noviembre de 2000

NINDIRÍ-33.-

Cerezas de Nindirí
(original de RFT)

X400

Asunto:

NINDIRÍ-33

Fecha:

Thu, 30 nov 2000 02:45:21 +0100

De:

RFT

PARA:

nindiri@lettera.net

Ya os decía yo que al final se rompería el saco (el saco o el cántaro, que para el caso es lo mismo) y acabarían atacando los piensos. Saben que lo que hacen estaba mal, pero es ahora cuando se atreven a reconocerlo. Mientras tanto, me estoy gastando una pasta en repollos y lechugas porque, digo yo, ¿qué hay en el mercado que pueda comerse?

Cuando abrí la jaula principal esta tarde y empecé a deshojar un repollo, como si fuera margarita, entre el sí, el no y el tal vez se cayó un conejito blanco al suelo. No pudo emblanquecer más porque ya era níveo, pero se quedó inmóvil del susto, hasta que lo acaricié y lo reintegré a su sitio algo aturdido.

Pensando en esas cosas y en su «Watership» personal me vino al recuerdo, al requiebro, algo que leí el otro día y me produjo risa al comentarlo así para mí:

«El ganadero, que tiene una vaca escondida en lo recóndito de la más profunda Galicia (y más loca que una oveja de esas que B refiere como portadoras de una enfermedad inveterada que en Castilla conocen como "dormidera"), se encuentra con su mortandad una mañana y en lugar de avisarnos, ya que los veterinarios no van nunca, agarra una pala excavadora y entierra la vaca al abrigo de lo oscuro, de lo callado y desconocido. Alguien se entera, da el soplo y desentierran la vaca que estaba ya, loca, por supuesto. Entonces, reúnen al resto de la cabaña y la ejecutan en un silbo, y se acabaron las vacas y la prosperidad mediocre de la familia del ganadero.

Pero no queda ahí la cosa, pues, al parecer, no contentos con eso y según la propia Guardia Civil, para más inri y perdición de su familia, el ganadero está a punto de entrar en prisión a cumplir condena por una agresión sexual a una vecina que volvía un día de un velatorio, lo cual, si lo dice la Guardia Civil..., vaya usted a saber...»

Y me digo yo, que algo torpe soy:

¿Qué daría de comer este individuo a las vacas cuando asalta sexualmente a las vecinas a la vuelta de los velatorios?

Pues ya que sostengo con fiereza (¿furor?) y sabéis que hay una piedra de la pirámide de Keops que está orientada a la ciudad de Murcia y no pasa nada, también abogo porque pongamos las vacas de nuestro Carcassonne diario en torres de ventilación (¡¡¡vaya nombre!!!) de Alcoy y juguemos a los submarinos.

Se me está acechando el otoño por el garaje y acabando de descubrir las miserias porque, quiera o no, encuentro, desgraciadamente, que no me pasa nada.

Pero del buen brazo del "Brumario" de Ramón Ayerra, enlazo con la dulce frase de Gerardo Diego, cuando le dijo a su mujer:

"TE HE QUERIDO MUCHO, PERO SÉ QUIÉN ERES"


martes, 28 de noviembre de 2000

NINDIRÍ-32.-

«PLAYA PEQUEÑA»

X400

Asunto:

NINDIRÍ-32

Fecha:

Tue, 28 nov 2000 01:32:27 +0100

De:

RFT

PARA:



Un periodista del diario "El Mundo" ha publicado el 27 de noviembre que a 37 grados 35 minutos de longitud este y 69 grados 40 minutos de latitud norte, a 180 metros de profundidad, está hundido el submarino ruso "K141-Kursk", en el mar de Barents.

Imagino yo que si vamos hasta allí, aunque sea sin bajar, habrá alguien esperando ¿no os parece? Tiene que haber alguien en el sitio, de ahí que la orientación, por poco que falle, nos viene servida por presencia, que es lo mismo.

Conozco al periodista, aunque se ha quitado un "del" con el que introducía su apellido. Le conozco porque solía pedirme la llave de mi casa para acostarse con una señora casada. Lo hacía por las tardes, como de 4 a 6, y yo debía deambular sin remedio en esos días del encuentro, por esa existencia en la que a uno le apetece estar en casa pero no puede porque está "ocupada".

El tránsito duró varios meses, pero no recuerdo si me cansé yo, si se cansó él o si la que realmente se aburrió fue ella. La situación me parecía chocante, pero como ya conocí a una chica (Rachel) que solía venir a bañarse a mi casa en Queensway (sólo a bañarse), me acostumbré a estas veleidades.

Quizá debería proporcionar las coordenadas de esta casa mía, por si viene alguien, pero aunque algo tuve que orientar el telescopio el pasado mes de julio, me parece a mí que no resulta tan necesario llegar al extremo de indicar tales cosas. Y no es que yo me queje de que no vengáis a verme (casi ya no tengo hijos, como no tengo esposa, ni casa, ni vida), sino que me parece un poco extremo que nos indiquen las coordenadas para la macabra localización de un submarino hundido.

Siempre me han preocupado los muertos marítimos y creo haber leído hace poco que Platón consideraba la existencia de tres clases de hombres: los muertos, los vivos y los que van por el mar.

Años más tarde, más tarde de aquellos encuentros sexuales del "aprés midi", me encontré al periodista en Asturias, desembarcando en el pasillo de un avión. Mi condición era precaria porque llevaba en la mano la urna con las cenizas de mi padre. Cuando pasé el control de equipajes de Barajas tuve que meter la urna en el aparato de rayos y un guardia (siempre hay algún guardia). me preguntó que qué era aquello. A punto estuve de decirle que era peyote o algo peor, pero me callé. Por eso, al encontrarme a CT (así se llama el periodista) en el pasillo del avión, con el cogote torcido porque es difícil estar de pie al levantarse del asiento en esas cabinas, no tuve otro remedio que informarle de la presencia de mi padre, cuando menos en aquella forma, pero no le di sus coordenadas porque al cementerio de Ceares sabe ir casi todo el mundo.

Una de las últimas cosas que Paco ideó en esta casa fue levantar unas piedras enormes en el jardín y rodearlas de plantas, construcción entre menhir de Obélix y lápida de tránsitos. Por eso hoy, al conocer esas coordenadas de ataúd submarino, me he acordado del reposo desnudo y yermo que hay en el jardín, o sea (como dice Umbral), sin mi padre.

Como si fuera la misma cosa, me he preguntado por qué no dejamos caer las cáscaras de nuez en los jardines o el porqué de ese barrido de hojas otoñales que nos imponen comunitariamente, pues dicen que las hojas muertas son feas y ensucian. Si yo paseo con mis nueces en el bolsillo, ¿no debo tener el placer de lanzar las cáscaras al suelo para que sirvan de barcos de mi soledad o de casitas de niños que investigan las hormigas; o aunque sirvan tan sólo para lucir (y oír) un "crack" de vez en cuando que nos señale el alma de lo pequeño?

Desvaído, decidme, ¿recogéis acaso las cáscaras de vuestros versos y las abandonáis como castañas en los forros de chaquetas como el que aprieta el corazón a cada instante? Y si acaso os puede el recuerdo, ¿dejáis por ello de acunarlo, de mecerlo, para disolverlo en el nido de la confusión diaria?

Me ha pedido Sebastián que le redacte la carta de Papá Noel o la de los Reyes Magos, porque me temo que es igual. Me recuerda seriamente en llamada telefónica que el año pasado ya hice algo respecto de una dirección comercial. La verdad es que se empeñó en que enviara la carta a San Sebastián de los Reyes, porque ahí deben vivir los Reyes dijo él y no en el Polo Norte o en el Palacio de su Majestades los Reyes Magos de Oriente, o esas cosas que resultan en extremo complicadas.

El servicio de Correos, bastante más terco que el propio Sebastián que me empujó a echar la carta hasta el buzón en Alcobendas (y desde luego muy estúpido), me devolvió la carta indicando "señas erróneas", pero como ya tuve que pelear con todos los jefes, subjefes, directores de departamento y encargados de cartería para lograr que mi correspondencia llegara a esta casa, (esfuerzo inútil pues la estupidez de Correos aumentó con el tiempo) sin indicar coordenadas, consideré estéril intentar pelear tal devolución. Así que me guardé la carta en algún sitio que, desgraciadamente, olvidé (como guardo los recuerdos de quienes dejan de quererme) y este año intentaré direcciones más prosaicas, es decir, vulgares.

Cuenta Augusto Monterroso, en un librito precioso de fábulas y cuentos, que una vez había una oveja negra y la fusilaron, pero que un siglo después el rebaño, arrepentido, le levantó una estatua ecuestre. De esta forma, cada vez que aparecía una oveja negra, la fusilaban para que las jóvenes generaciones pudieran ejercitarse en el arte de la escultura.

Va rebosando el tiempo de mazapanes, de higos secos, pero yo, por los pequeños huecos (¿puertas?) en que el sol se filtra al atardecer, me imagino cuidado, estrechado y pequeño, como si de esa luz que escapa al control de las nubes, viniera alguna vez quien me cogiera de la mano.

P.S.:

Hola Nicolás.

Adiós Nicolás.