[1] Isak Dinesen, “Sombras en la hierba”, Ed. Alfaguara, Madrid, 1986.
viernes, 19 de mayo de 2000
NINDIRÍ-2
[1] Isak Dinesen, “Sombras en la hierba”, Ed. Alfaguara, Madrid, 1986.
viernes, 5 de mayo de 2000
NINDIRÍ-1.-
«NO MÁS TRAGOS, NO MÁS PENAS
NO MÁS CANTOS DE SIRENAS
NI LEYENDAS DE DOLOR...
¡AY! AMOR...»
(JUAN PERRO-"Cantares de Vela")
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>From - Fri May 05
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Hoy hemos empezado mal. El peral que plantamos hace días tiene roya, probablemente a causa de la buena cantidad de lluvia que ha cubierto de oídio los rosales: los que descansan al viento bajo la escalera. Hemos decidido dar algo de cobre y rezar por las peras, como dimos quelato de hierro a las glicinias.
Las hojas del bancal de los pequeños rábanos aparecen mordidas y no vemos nada: ¿Gusanos nocturnos extraterrestres?
Tal vez, pero si hasta aquí hemos aguantado, será cuestión de buscar soluciones: ¿alguien tiene algún remedio para las hojas de los rábanos y que hayamos de aplicar en luna menguante?
Lúa, la perra golden retriever, pasó las infecciones y se adapta poco a poco al pienso, mientras mordisquea las caléndulas y busca entre los fresales. No conseguimos, ni enseñándola, que deje en paz todo lo que se mueve o brota y ello nos lleva a tener más paciencia.
Las gallinas han empezado a poner. Sus huevos son aún pequeños, pero son jóvenes y así hemos de aceptarlo. Al desbrozar las espinacas y aclararlas, antes de protegerlas del sol, sacamos una buena cantidad de hierba y hojas comestibles que han devorado sin pausa. En cambio hacen poco caso del pienso.
―¿Por qué hemos de empeñarnos en que coman pienso?
―¿Quizá porque ensucian, si no es así?
―¿Y quién no ensucia?
Sé que lo mejor es seguir en la desesperanza e intentar aclimatar las semillas tropicales avanzado el mes de mayo. Mientras, me pregunto, ¿saldría café o estamos muy altos para ello? ¿Y un árbol de mango bien abrigadito de nuestro enero de ventisca?
Si hemos forzado camelias y una gardenia, si los limoneros han agarrado bien en la terraza, al buen sol del Sur, para que podamos extenderlos como si fueran buganvillas por la pared blanca y si, pese a la lluvia insistente y necesaria, tenemos hierbaluisa y membrillos, ¿por qué no un buen mango que al atardecer de los años y en el estío nos dé sombra peligrosa y refrescante?
El sábado tenemos "fabes". Ya sé que el calor puede apretar, pero aquí muchas veces los que mandan son los niños y al conseguir olvidarnos de las preocupaciones diarias, hemos de protegerlos en libertad y acceder a sus pequeños gustos. Fabes y tortilla de patata con chorizo, para el que quiera atreverse.
Ahora, cuando vuelvo con los zapatos mojados de la hierba ya manchada de estrellas, ahora que desajustamos lo importante para hacer caso a lo sencillo, quizá sea el momento de dejar que el alma hable y os deje descansar entre susurros...
...Los susurros de ella...
miércoles, 12 de abril de 2000
MUJERES (PRÓLOGO-4.-)
X400
| Asunto: | MUJERES |
| Fecha: | Wed, 12 Apr 2000 02:48:35 +0200 |
| De: | |
| PARA:: | |
| CC: | |
«…Las mujeres me tienen la memoria poblada.
De mi existencia entera,
sólo recuerdo
las mujeres.
Los vestigios de mí
que podrían valer
para reconstruirme
están en sus cabezas…»
"...también sería cierto que de mi vida entera apenas si recuerdo más que a las mujeres, y -lo que es peor- que no recuerdo los trozos sin mujer o con la mujer borrada..." [1]
Cuando Lúa y yo hemos bajado a verificar en qué lugar había plantado Paco las hortensias del gran cesto, han brincado entre las ramas dos zuritas y escapado al vuelo, con intención de alejarnos del nido que conservan en la segunda arizónica del paseo. Los tres planetas, Marte, Júpiter y Saturno, se alineaban juntos y no teníamos miedo de la noche, ni de la soledad con que esta casa nos enfrenta, esta casa tan necesitada del murmullo de niños, de las caricias. Y al observar el cielo, que a ambos nos dejaba el hueco de los pinos, al afrontar cómo mantenerla, venían a mí los ecos (y gritos) de la reunión de esta tarde. Lo hacían para recordarme de qué y para qué vivo, cómo afrontar mis ingresos, mis flaquezas, mis pagos pendientes, mis deudas de amor y odio. Yo puedo con esta hipoteca, con esta vida hipotecada ―me decía―, pero para ello me vacío en mis tensiones y trato de aceptar con humildad mi condición, esta condición que tuvo la fortuna de acercarme a ella o tuve la fortuna de encontrarme yo; la notaba entre mis huesos al abrigarme del viento. La perra, tímida, se quedaba algo distante y miraba, como “M” me había dicho, casi sin sentir el frío, sin acercarse a mi frío, que no puedo compartir ni acercárselo.
De mí ya se dicen muchas cosas, cosas almacenadas, como los patines de los niños de “J”, a quien no llamé todavía, impidiendo así algo sencillo. Se dicen más cosas que hace años y se entretejen en mi piel, nudo a nudo, cayendo sobre la espalda, sin contenerse.
Va siendo tiempo de remedar ademanes y de ponerse en marcha hacia el Poniente de esta vida.
[1] Ramón Buenaventura, “El año que viene en Tánger”, Ed. Debate, 1998, Madrid
martes, 18 de enero de 2000
LAS PUESTAS DE LUNA-(PRÓLOGO-3.-)
| Asunto: | PRÓLOGO 3.- |
| Fecha: | Tue, 18 Jan 2000 21:12:11 +0100 |
| De: | RFT |
| PARA:: |
viernes, 14 de enero de 2000
HOLA A TODOS DESDE NINDIRÍ (PRÓLOGO 2.-)
Asunto: | HOLA A TODOS DESDE "NINDIRÍ" |
Fecha: | Fri, 14 Jan 2000 15:40:40 +0100 |
De: | |
PARA:: |
¡¡¡Y SE ME ACABÓ EL WHISKY!!!
He abierto la puerta de coches y he caminado hasta la carretera: ni un alma y las rodadas no permiten usar cadenas para acceder siquiera a la pequeña carretera de Valdemanco.
Año de nieves...
viernes, 24 de diciembre de 1999
FELIZ NAVIDAD (PRÓLOGO 1.-)
(Esta imagen cariñosa de la Nasa nos muestra al pequeño "Rover" de la nave "Pathfinder" chocando en Marte con una roca llamada Gran Oso)
Es costumbre que nos escribamos en estos días.
Hay quien lo hace siempre, pues: «Los extraños son necesarios para poder explicar lo que uno hace y siente» (Theodore Zeldin, "Historia íntima de la humanidad", Alianza Editorial, Madrid 1996)
No sabemos nada de nosotros y hemos aprendido a ocultar las direcciones en los mensajes de correo electrónico, para que parezca todo más personal, más íntimo. Hay quien llega a creer, por tal causa, que el mensaje que recibe es erróneo, que no es suyo. Sin embargo, éste sí tiene destinatarios correctos. Pero aún así, aunque algunos nos hablan de la impostura que entraña el texto escrito, escribir es lo que nos hace vivir, lo que nos reivindica ante nuestra soledad, en nuestro silencio nocturno.
Nos hemos encontrado en circunstancias diversas ―incluso hay quien no me recuerda pese a haber comparecido conmigo ante el director del colegio para recibir una bronca, yo con siete años, él con poco más de dieciocho―, pero todos estáis ubicados en mi corazón. Sé que no con un consentimiento pleno, pero al menos sí, en estos momentos, con mi sentimiento.
Leía esta mañana: «...Los marineros volvieron a llenar en Anjer todos los toneles de agua vacíos, excepto media docena que se quedaron en un pañol...» (Patrick O'brian, "Trece salvas de honor", Edhasa, Barcelona 1999) Quien eso escribe, además de dar cuenta de un olvido intrascendente, lo pone en boca de un pintoresco personaje, nacido en Irlanda, de ascendencia catalana, que trabaja para el servicio secreto del Almirantazgo Inglés y en contra de Napoleón, siendo, además, médico y naturalista. Menuda mezcolanza para averiguar en estos tiempos que el nacionalismo y la intolerancia chirrían y que la mejor cura para todo esto es no hacer mucha causa y profunda devoción del lugar de nacimiento o negarse a criterios de Abencerrajes. Es decir, es bueno ser de Asturias aunque luego se viva en Plasencia, en Modúvar de la Emparedada o en Barbadillo del Pez. Mi suegra, que en paz descanse, era de Barbadillo del Pez y se llamaba Crescencia.
Señalan los expertos que ya estamos en el año 2005 o en el 2006. El papa Gregorio XIII, hombre de armas tomar, decidió que después del 4 de octubre de 1582, amaneciera el 15 del mismo mes, “comiéndose” once días del calendario y generando el correspondiente caos laboral, pues nadie quería pagar el mes completo.
Y así fue todo, pues, como os he contado a muchos y mi padre sostenía, el Polo Norte no es un lugar o un sitio, sino un concepto. El portero de la que fue casa de mis padres en Madrid, se llamaba también Gregorio, y se dedicaba a gritar por la escalera aquello de, ¡¡A mí la Legión!!, aterrorizando a los vecinos por causa de algo que hoy conocemos como enfermedad de Alzheimer, en esa propensión que nos acompaña, cuando confundimos nuestra impresión con la realidad.
De esta forma, con Amado Nervo, «el castaño no sabe que se llama castaño», Miguel Ángel no sabía que vivía en el Renacimiento y los barcos no chocan con meridianos al navegar.
Es en estos días cuando es bueno enviaros paz. Debo recordar que no hemos quitado el cañizo del muro de atrás, que azota el viento, y que los mirlos siguen viniendo a la pradera vecina a buscar semillas.
Que tengáis todos una buena noche y que miréis al cielo.
P.S.: ¿Os acordáis del Rover del Pathfinder?




