domingo, 3 de septiembre de 2000

NINDIRÍ-8

OTOÑO
(Original de RFT)

X400

Fecha:

Sun, 03 Sep 2000 22:26:47 +0200

De:

RFT

PARA:

nindiri@lettera.net


Ayer por la mañana pasamos por un bosque de hayas en el que Sebastián ha buscado gnomos sin descanso, justo al dejar atrás el rebaño de vacas, antes de Saja.

Lo cuento porque yo no sólo escribo de lo que pasa, también lo hago un poco de lo que "me" pasa.
Cuando paramos, bajo nubes de helecho y raíces de espino blanco, Sebastián levantaba las hojas y las cortezas buscando sin cesar. Debe pensar que los gnomos andan debajo de las setas o junto a las fuentes, como las Xanas, y no se da cuenta de que los seres pequeños habitan más adentro.

Sebastián cree en gnomos, como yo; ha visto tres ―según dice― y tiene la espalda muy ancha de arrostrar estas cosas; la sonrisa también.
Mi primo “JS”
[1], al que veo fatal, perdido y en tránsito (tan mal que le he dicho a Nicolás que cuando me vea como él me avise) me cuenta almorzando en “Canene” que a unas doce millas del puerto de Llanes hay una plataforma en la que se da el calamar, el "xargu" y algún rodaballo. El mar sube allí ―me dice― y los arrastreros gallegos, que esquilman la costa, no pueden faenar en esa zona por falta de calado.

"El casu ye", que aparte de la "ventrisca" (así en Gijón en "El Planeta") de Manolín [2] el de "El Campanu", pocos peces he visto en estos veinte días que os dejé en ausencia de Quely, la de "El Allende". En ese tiempo han madurado los conejos y las calabazas gigantes, tanto, que he quedado con Espe en llevarle semillas, porque Espe dice que cada año hay que cambiar las semillas de calabaza que se plantan. También vinieron los pimientos.

En la barra del "Pinín", en el Llanes de mi alma, una chica rubia de ojos aguados mastica un pequeño bocadillo de bonito con tomate. Tendrá menos de treinta años (si alcanza veintisiete). Ella no sabe quién soy yo, pero yo sí sé bien quién es ella y, como cosas que todos hacemos, me callo y dejo transcurrir el encuentro en un silencio avergonzado, para no despertar recuerdos, para no malquistar.
Y al paso de todo ello me recuerda Edith lo del juego de palabras que refirieron en San Carlos a “MV”, junto a San Juan del Norte ―que siempre está al Sur―, en honor de los refranes. Dicen (podéis probarlo) que añadiendo dos frases a vuestros refranes, queda todo muy propio y encajado. Así:

"No por mucho madrugar

ENTRE LAS SABANAS

amanece más temprano

ENTRE LAS PIERNAS"

Al añadir el "entre las sábanas" y el "entre las piernas" las cosas funcionan.

"Más vale pájaro en mano...

entre las sábanas..."

Probadlo.
También me enzarcé a caballo entre Noé y Guillermo y descubrí el Sella de otra forma, más por el ribazo que junto a las escarpaduras de Pancar, paseo entre cementerios que extendimos días más tarde hacia el borde de Poo, mirando esas tapias que a todos nos aluden en sus recuerdos de muerte violenta.

Terminé en tales días el libro de Matthiessen sobre "El árbol en que nació el hombre" [3], el baobab, y reiteré con otros muchos que no tengo miedo a la muerte, sino a morirme.

Aprendí que se puede ir a Niembro a buscar patatas, buenas patatas que crecen curiosamente junto a su cementerio marino y que su parte de sal las hace fuertes y de buen componer en tortilla.

Me llaman para decirme que murió “I”, la mujer de mi primo “JT”, veintiséis años. Comí con “JT” en Gijón el otro día, creo recordar que el martes 29 de agosto. Luego subí a Ceares y con los niños dejamos unos claveles en aquella puerta enrejada que no permite fijarlos.
Si pasáis en dirección a Colunga, por la carretera de la costa, no hagáis caso del indicador de Arriondas, pues aunque os obliga a subir al Alto del Fito, poco tenemos que ver allí.

Y si veis un gnomo o queréis una calabaza naranja para hacer puré, avisadme.



[1] El pobre “JS” murió poco tiempo después.

[2] “Manolín” también murió años más tarde.

[3] Peter Mathiessen, “El árbol en que nació el hombre”, José J. de Olañeta, Editor, Barcelona 1999.



lunes, 7 de agosto de 2000

NINDIRÍ-7.-

Los niños,
cuando los meces,
arrancan de la arena su tez canela
y...
aunque Dios les protege,
se hacen muchachos.

(También les amanece el alma)

(Puerto de Santa María-agosto de 1993)


X400

Asunto:

NINDIRÍ-7

Fecha:

Mon, 07 Aug 2000 00:34:17 +0200

De:

RFT

PARA::

nindiri@lettera.net


Fue entonces cuando decidí comprar aquel plato con la cestita azul y el pote y cuenco a juego; el plato donde pusimos la manzana de cera, la manzana roja, enorme y feliz de ser quemada en vela común. También fue entonces cuando todo se reventó y Nicolás era aún pequeño, muy pequeño. Lo compré por si Nicolás venía a casa ―ya no era su casa― y lo seguí conservando durante años, casi sin usar. Cuando el viernes temprano rompió una taza, la del tigre, pensé en sacarlo y dárselo. Uno por lo otro, me dije. Pero yo, muy conservador de inutilidades, lo tenía lleno de lápices de colores que los niños no usan.
Ya no hay niños.

Llaman por teléfono y vienen de vez en cuando, pero no hay niños. Tengo una cuna muerta y potes llenos de lápices, pero no hay niños.

“R” aún no había comprado la casa cerca de la costa de Andratx y yo no quemé la vela esperando algún momento propicio, pero no hay que esperar nada, nunca hay que esperar. El jueves por la noche pensé en hacerla arder entera, puse faroles y velas en el candelabro que me regaló “AF”, pero Nicolás era un ser hermético. Cuando pienso en esa palabra me viene a la mente "El Garaje Hermético", que ya no sé si era de Moebius, el servidor que usan “N” y “H”.

Nunca he sido alguien recomendable; eso no lo sabe “C”, pero lo presiente. Esta mañana observaba que tengo espigas en el dobladillo del pantalón verde. Se quedan ahí, pese a la lavadora; viven ahí para decirme que no soy recomendable.

Y ya no hay niños.

Dar un sentido a la vida es difícil, pero dicen los que saben que resulta lo más importante para tener ganas de algo y ser feliz.

Tengo una nevera pequeña llena de mariposas nocturnas. Debo abrirla de vez en cuando para descongelarla y las mariposas vuelan hacia la luz. Si la apago, si cierro la puerta, no hay mariposas y no se descongela. Puedo desenchufarla, descongelarla sin luz, pero entonces, ¿quién vendría a acompañarme?

Van a darme un buen golpe dentro de unos días. Lo notaréis por mi cadencia al escribir. No soy partidario de precondicionar mi vida o mis historias, pero sé que me van a dejar muy vacío y al fin me pierda en las marismas que yo he ido creando para atravesar. Habrá siempre alguien; algo he previsto o creo haberlo hecho.

Bueno, la verdad es que no he previsto nada, pero alguien lo hará.

Son unos días tristes y enormes, pero ya no hay niños.




domingo, 6 de agosto de 2000

NINDIRÍ-6.-



SHU


Asunto:

NINDIRÍ-6
Fecha:
Sun, 06 Aug 2000 01:43:56 +0200
De:
RFT
PARA::
"nindirí"@lettera.net

En la madrugada del 16 al 17 de julio hubo una gran tormenta. Dormí en Madrid y me despertaron los truenos. Amanecí pronto y subí a "Nindirí" a las 7:30. Aquí encontré a Paco: ¡¡¡menuda sorpresa!!!

Todo estaba húmedo, frío, lleno de nubarrones, con la tierra agraciada y serena. Tomamos café y hablamos del tiempo, de las cosechas, de mujeres tristes, de Benidorm… A las nueve llegó Juani y hablamos de hijos, de maridos y de permanecer en las personas que queremos para compartir la vida, aunque sea a cachos.
Entre las 8:30 y las 9:15 de la mañana del 17, Iberdrola me obsequió con ocho cortes de luz repentinos y sin aviso. Días antes, la misma Iberdrola reventó mi UPS (Unidad de Protección del Sistema) que llevaba conmigo, sin un fallo, desde 1991. A causa de tal barbaridad eléctrica, mi ordenador, que siempre se ha llamado “Susana” (por si no lo sabíais) y debe tener grabado su nombre en algún lugar de la BIOS, dejó de identificar el puerto paralelo y el COM2. Este ordenador no identificaba sus impresoras y no reconocía el “módem”. Lo hacía o, mejor dicho, ¡¡¡NO LO HACÍA!!!, con esa prepotencia propia del mundo norteamericano, emanada de los súbditos de Bill Gates, diciéndome reiteradas veces:
“EL ORDENADOR NO ENCUENTRA NINGÚN MÓDEM. VERIFIQUE SI EL SUYO ESTA ENCHUFADO, APÁGUELO Y VUELVA A INTENTAR LA CONEXIÓN.”
Quizá recordéis cómo hace años los ordenadores, algunas veces, decían cosas tales como: “error 341”; y todos nos quedábamos absortos como si hubiera en algún sitio una lista numerada de errores. Eran otros tiempos en los que, de broma en broma, cargábamos un “prompt” en un ordenador ajeno y el “DOS” arrancaba con un fantástico ruido de agua, mientras el “286” mostraba el siguiente mensaje en pantalla: ¡¡¡Un minuto, por favor, estoy CENTRIFUGANDO!!!; con el correspondiente pánico del usuario al temer un calambrazo si tocaba el teclado
Mi pobre Creatix SG2834, que llevaba encendido desde 1996 (no tiene interruptor alguno de apagado), acompañándome en silencio, estaba ahí, encendido y el sistema operativo del señor Gates no conseguía encontrarlo.
Entre el 17 y el 24 de julio mi ordenador siguió funcionando. No podía imprimir ni conectarse a Internet, no podía deciros cosas, pero “Susana” funcionaba. Ya sabéis que lo bonito, lo dulce y lo tierno, siempre es pequeño y femenino. Pues mi ordenador es femenino y, como decía Gilbert Cesbron, "Vanidad es femenino y orgullo masculino, pero esto no es más que una simple coincidencia..." y también, “En francés, amor es masculino en singular y en plural ― les amours ― es femenino. ¡Qué hermosa injusticia!” [1]
En la mañana del 24 de julio, sin mi consentimiento, un imprudente del servicio técnico de "DELL COMPUTERS" (¡Ojo a los que tengáis un "DELL"!; ¡¡¡EL SERVICIO TÉCNICO NO FUNCIONA Y ES UN DESASTRE!!!), abrió mi unidad e intentó cambiar la placa base. Luego, al no conseguirlo, porque trajo una placa errónea, entró en mi ordenador y lo reventó entero. Desde el 24 de julio mi ordenador ya no consiguió arrancar y cargar esa especie de “virus" que se llama WINDOWS 95.
El 29 de julio, por la mañana, vino “J” y, tras seis horas de mucho cariño, arrancó el ordenador, identificó el puerto paralelo, logró que “Susana” imprimiera, demostró que nada erróneo había en la placa base y que, seguramente, mi módem se había estropeado por una buena descarga de Iberdrola.
Mi placa base ya no está aquí, se la llevó el imprudente del servicio técnico que destrozó el ordenador, así que, en algún estante mugriento de un servicio técnico anda un trozo de “Susana” bien grande que funcionaba perfectamente. En cuanto a “J”..., no sé si casarme con él o si ponerle una fuente en el jardín.

Había encargado el 19 de julio otro "DELL" más potente y, afortunadamente, logré suspender el pago de la transferencia bancaria. Luego encargué un nuevo ordenador a otra gente y aún espero que me lo traigan.
Ayer, al volver de Burgos y tras dejar a Nicolás, pensé ir a por un módem, en lugar de seguir esperando por el nuevo ordenador y hoy compré uno, lo instalé rezando a San “J” y conecté después de veinte días de soledad y desierto. El servidor me dijo que tenía 27 mensajes. No importa, hay quien, por alguna historia, de repente recibe doscientos entre miedos y esperanzas.
En este tiempo no había gallinas, ni perra, ni el peral, ni los conejos que Paco trajo hace unos días. Trabajé en desolación, como pude, y nada os dije. Averigüé con humildad lo que era el "cuchu" y me dispongo a viajar a Llanes en donde me esperan con mucho cariño y con unos brazos muy abiertos.
Han pasado muchas cosas (algunas terribles) desde el 17 de julio. La luna en la que me duermo se ha puesto en cuarto creciente y he distanciado botellas de Bell's, de Cutty Sark, de Chivas o de Grant's. Hay unas calabazas enormes en la huerta que se van anaranjando, pero no sé qué hacer con ellas. Mientras tanto, con tanta tecnología, me asiento en estos primeros días de agosto y espero...
Espero que me quiera alguien y doy sentido a esta vida.
A mi vida.


[1] GILBERT CESBRON, “Soltad a Barrabás”, Ediciones Destino, Barcelona, 1961.

sábado, 15 de julio de 2000

NINDIRÍ-5.-

Sebastián
"Abeto bajo el cielo"

X400

Asunto:

NINDIRÍ-5

Fecha:

Sat, 15 Jul 2000 23:54:41 +020

De:

RFT

PARA:

nindiri@lettera.net

(En estas fechas invité a mi hijo Nicolás a unirse a estos mensajes. Se encontraba en una especie de campamento en Frostvalley (USA) y le hice saber que iba a compartir noticias mías con mucha gente. Gente buena. Pedí pues que le escribieran, para animarle, y supongo que alguien me haría caso)

Y ahora, a lo nuestro.

Ya he terminado de regar. Me lleva casi hora y media y no tengo yo el hígado para tanto tiempo.

Empiezo por el aspersor del huerto. ¡¡¡Menudo aspersor!!! Riega todo menos el huerto. Lo primero es colocarlo al principio, donde los calabacines, el hinojo y las zanahorias. Lo calculo justo para que alcance un poco hasta las patatas, que se agostan. He tirado de una mata, ¡y claro!, han salido dos patatas de buen tamaño:

―¿Qué otra cosa esperabais?

Dice “Je” (tan pesimista) que si riego mucho las patatas tendré unas plantas verdes, preciosas, pero patatas, lo que se dice patatas, no habrá. Sebastián no cree que eso sean patatas. Mira las plantas, toca las flores blancas que quedan y dice que no, que allí no hay patatas. Son Jaerla, una marca mala, como casi todo lo francés que llevamos a los huertos. He traído otras que compré en Posada, las Desireé, rojas, fuertes, de todo el año. Como no me cabían en el huerto ―Paco siempre ha sido muy conservador; por eso tendremos seis calabacines, pero no más; todo por no empujar las plantas unas contra otras― las puse en un círculo bien abonado, donde se murieron los diecinueve rosales de "Leroy Merlin". No compréis rosales en "Leroy Merlin", ¿vale?; es tirar el dinero tontamente. Ahora hay tres rosales rosas y alrededor unas plantas verdes, preciosas, jugosas y abundantes.

―¡Qué bonitos rosales! ―me dicen, pero son patatas; y yo me callo, ¡claro!: ¿qué otra cosa podría hacer? Como ven un par de rosas, ¡hala…!

Los patatales son muy agradecidos si son desordenados, llenos de mariposas y cosas de esas (bichitos) que revientan las patatas y que “G” adoraría. Son casi umbríos.

Tengo que poner esparragueras y patatales por todos lados o setos de arrayán, que no es lo mismo, pero huelen mejor. El otro día, sin ir más lejos, arranqué una matita de arrayán en Granada ―casi me clavo una jeringuilla en el intento―, junto a los jardines de Fray Leopoldo de Alpandeire o Alpendeire (¡yo qué sé!), monje cuya estampa llevan colgando los taxistas por todos lados, en unos llaveros rarísimos. Creo que “MV” fue a ver su tumba con “Ma”, una mañana granadina de esas en que se caen los pájaros, pero no se apercibió del arrayán.

A veces hablo de vosotros, de todos vosotros, que sois muchos, y el servidor me dice: "TOO MANY RECIPIENTS". Espero no os moleste.

“J-A” dice:

―¡Ya no escribes! ―Pero eso sí, él no contesta.

“J-A” toma whisky y chocolate en los conciertos a los que va, conciertos donde la edad media del personal es de unos once años.

Os decía, que empiezo con el aspersor sobre las zanahorias y luego lo bajo a la zona de las acelgas y las primeras tomateras, pimientos, sandías y calabazas. Así llego a la primera barrera; con las matas de guisantes ya secas, el agua choca con las judías verdes. Acabo por el resto de las tomateras y descubro esas plantas lánguidas que se han quedado sin regar en los arriates del fondo del huerto. Cuando acabo con el aspersor, tengo que regar el huerto, porque el aspersor no lo riega (lo que pasa es que le tengo cariño).

“Ro” siempre me habla bien de estos mensajes, pero me dice:

―¡Son tan tristes...!

―¡¡Ya quisiera verla yo con este aspersor!!

Al terminar echo un pito (que se me moja siempre, pero alguna calada doy) y riego las parras del cobertizo, camino del gallinero. Arturo, el pato, que es un histérico, empieza a gritar y se esconde en la caja de cartón donde vive humildemente. Lleno su estanque y rocío el gallinero. Las gallinas vienen a verme, a ver si traigo más comida, pero hoy, al regar el gallinero, no han venido.
―¿Qué raro? ―me he dicho.

Y claro, las gallinas se habían escapado y estaban comiendo las ruedas de mi coche en el garaje.

Son fáciles de traer. Te siguen en cuanto te ven, pero son torpes para entrar en el gallinero, tan torpes que necesitaría un cerdito ovejero.

Riego la hierbaluisa, los hibiscos y los dos cipreses pequeños. Vuelvo al huerto con la manguera a cuestas un buen trecho y echo otro pito. Me voy a las aromáticas y a los tagetes, y corro a la fuente a cortar el agua. Cambio la manguera ―hoy he alargado la otra― y me voy a las hortensias de la entrada. Luego, los frutales uno a uno, el haya, el olivo y los árboles foráneos. El huerto de hierbas y tira de manguera ―es un agotamiento― a los claveles y a la casa de la perra, la casa de Lúa, donde refresco y lleno de agua el bebedero. El magnolio, la gardenia, el rosal extraño y las parras y rosales de la escalera.

Cuando termino, no puedo regar ni los maceteros de la terraza.

¡Ah! y todo esto consiguiendo que la perra no se coma la manguera. Llevo un rollo de celo para ir tapando los agujeros que me hace.

Bueno, pues ya estáis todos regados y hoy hay luna, Lúa, luna; LUNA GRANDE.
Llamó Don C. ¡Qué bueno es Don C. que me tiene al Este y no lo sabe!

Ya no puedo ordenar las cosas; hoy no tengo ganas de ordenarme, ni ganas de tirar hacia adelante, pero eso me pasa siempre. No siempre que riego, sino siempre.

Los pájaros se cuelan por la malla del gallinero y me montan una pajarera.

Los gorriones: sparrow; moineaux.

Cuando veo gorriones siempre pienso en “G”. No sé por qué, porque a “G” le gustan los peces, las anguilas, las serpientes de escalera y cosas muy raras, pero yo siempre que veo gorriones me acuerdo de él.

No sé si os he dicho que al ternero que vi parir en Mañanga le han puesto de nombre Ramón.

Cosas de Coté.

Coté es así, bien fácil y alegre.

Pobre ternero.

¿Iré a San Roque...?


NINDIRÍ-4.-

Llanes, San Roque 1956


Para Coté, con la gentileza de Alba del Mar.
-

X400

Asunto:

NINDIRÍ-4: PARA COTÉ CON LA GENTILEZA DE ALBA DEL MAR

Fecha:

Sat, 15 Jul 2000 16:37:37 +0200

De:

RFT

PARA:


Referencias:

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No sé si es el mar de Toró o el de Andrín, que es más contundente que el de Ballota, lugar éste último al que hace años me llevó tu madre, Coté, con la indicación (obvia) de que era una playa de nudistas, tratando de salvaguardar mi espíritu y quizá mi alma. Era tan tarde que no había "nudistas", Coté; realmente no había nadie, como en San Felipe.

En el verano del 97 fui a Ballota desde el mirador de Andrín. Iban conmigo "AF" y sus hijas: "S" y "M". Encontraron a Fabio, Marco, Máximo; no me acuerdo del nombre. Atardecía y él pintaba acuarelas con una bicicleta a cuestas. Comía queso de Cabrales, con demasiado pan blanco, y mojaba los pinceles con sidra en vez de agua. El agua es mala incluso para las acuarelas o el whisky. Salían unas acuarelas preciosas, fáciles, del Castro, del mar, de los malvas del atardecer, pues ahí, en Ballota, también suele atardecer algunos días, como amanece muchos días en el alma de todos.

A mí me amanece una ventana, pues estoy ya un poco desgastado para que me amanezca el alma o la sonrisa.

―¡En tu casa siempre amanece! ―decía “Á” hace tiempo, cuando despertaba allí, sin darse cuenta de que realmente era una ventana quien lo hacía. Quería decir que preparase el café o quizá algo distinto. No lo sé.

Tampoco sé por qué es complejo amanecer o morirse.

*****

―¡¡¡Zi daz ezo a laz gallinaz, querrán máz!!! ―me chillaba anoche Sebastián.
―¡¡¡Dalez papel, cartonez o madera que hay mucha!!!

―¡¡¡Pero zi lez daz laz lechugaz repolladaz querrán máz y te comerán el huerto!!!
Así que les di más lechugas y mijo para que abrigaran la esperanza de un hijo, de mi hijo, y no tuvieran pesadillas rosas de madera. Pues las gallinas comen cualquier cosa, incluso pensamientos desagradables. Todo para hacer un huevo: un mortal huevo amarillo que a los niños les gusta abrir.

―¿Que vas a cenar Sebito?

―¡¡¡Tortilla de patata, papá; parecez bobo!!!

―¿Y mientras la hago...? ¿Has hecho alguna vez un perfume?

―No, papá. ¡¡¡Qué pezado erez con tuz preguntaz!!! ¿Cómo ze haze un perfume?
―Necesitas hierbas y varios movimientos o pases mágicos.

―Vale, papá: ¿qué tengo que hazer?

―Primero vete al huerto de hierbas y trae algunas cosas.

―¿Qué cozaz?

―Trae albahaca, cilantro, sándalo, eneldo y un poquito de tierra fresca.

―¿Dónde eztá el huerto de hierbaz, papá? Eztá ozcuro y me dá miedo. Ademáz no zé zi zabré lo que zon ezaz cozaz.

―Sí que lo sabrás cariño. ¿Lo vés? ahora pongo cebolla a la patata para que se suavice. El huerto de hierbas (de yerbas, de Djerba), está a la derecha del manzano de “j”.

―Bueno, pero tú me acompañaz, papá.

Con las hierbas recogidas hiciste un mazo en un vasito y lo subiste a la mesa de la cocina, a la luz de ese sitio donde ya no hay lloros, ni risas, ni tampoco quesitos o yogures de niño y olor a toallita, ni restos de puré de zanahorias. Te armaste de tijeras, tenedores, paños, cazos, cuencos de tres clases ―cristal, barro y plástico―, alcohol (alcohol de mis huesos) y empezaste a rechazar olores: pimienta, pimentón del dulce y del picante, paprika, vainilla, estragón, sirope de fresa, café, sal, cominos (los molidos y los enteros de “MV”), perejil, coco, aceite de oliva, aceite de lavanda, canela... Luego lo filtraste todo con un trozo de la tela de un pantalón de pijama viejo y un colador. Usaste la "Minipimer" una y otra vez, añadiendo limón, pétalos de la rosa de "ella", gardenias y una trampita que hiciste de colonia de "Chispas".

Luego comiste la tortilla, bostezaste y dijiste:

―Vamoz a ver eztrellaz fugazez, papá, en la terraza de afuera. Loz diozez ven eztrellaz fugazez…

―¡No fumez, papá!; ya zabez que ez malo y el humo agota la Luna, que ze atranca.

―¿Dónde se atranca la luna, Sebastián?

―¡Yo qué zé!, papá, ze atranca y ya eztá...

―Tengo zueño, papá, ¿puedo dormir en tu cama?

―Sí, Sebito... (¡¡¡En realidad duerme ya tánta gente en mi cama...!!!)

―¿Cómo ze llama en eze libro que tienez el gato de la gaviota? En la peli ze llama “Zorbaz.”

―Buenas noches Sebito, mañana hablaremos de terneros que nacen...



lunes, 19 de junio de 2000

NINDIRÍ 3.-

Papá estudiando
(gentileza de Coté)

X400

Asunto:

NINDIRÍ-3

Fecha:

Mon, 19 Jun 2000 22:28:03 +0200

De:

RFT

PARA:



Hace algunos años leí un chiste de Forges en el que un señor muy serio y vestido de negro riguroso decía: «...¡¡¡Además!!!, no pienso tolerar más firlundios de lapordana...» Por esa y otras diversas razones, hace unos días decidí colgar del peral (sólo hay dos en esta casa y uno es muy pequeño) una serie de Cd’s de la Editorial Aranzadi. Se trata de un peral jurisprudencial que lleva un mes sufriendo el trasplante. Por la mañana voy a hablar con él (el quelato de hierro o de cobre ya no funcionan) y le pregunto qué es lo que le pasa, pues peras tiene unas cinco, pequeñas, pero sólo cinco.

Mi padre ―que se hubiera asombrado con la flor azul que ha brotado del cemento en el cambio de sentido que hay al alcanzar la autopista― también hablaba con las plantas, con los árboles, pero aunque le tengo aquí todos los días, no me dice nada últimamente. Dije a mi madre que me dejara traer sus cenizas, para ponerlas junto a una higuera, donde hay espliego, menta, sándalo, cilantro y vinca. Mi madre dijo que no, que esto no era tierra consagrada y ahí acabó mi intento. Por eso debe ser que no me habla mi padre, porque en el cementerio de Ceares y en aquel panteón tan difícil, no hay forma de salir de la frialdad de las ideas.

Mi padre, notario de profesión[1], escribió hace años un artículo complejo y enjundioso sobre el “contador-partidor dativo”[2] y, en la introducción, hablaba de que no le gustaban los pájaros enjaulados y de que no había mejor flor que la que crece al borde de un camino. Luego escribió otro sobre «Aspectos de los patrimonios y de las empresas» en el que hablaba de la lluvia o del arco iris. Éste último se publicó en una serie de tomos, plagados de estudios jurídicos diversos, escritos en homenaje a otro notario que había sido capitán de su compañía durante la Guerra. Era una compañía mixta de morteros, con nombre y personal italiano, pero trufada con soldados españoles, pues los italianos tenían fama de echar a correr a la primera de cambio, es decir, enseguida. Los trabajos no gustaron mucho, porque la enjundia jurídica nada tiene que ver con flores o pájaros, ni siquiera con el arco iris o la lluvia, aunque nadie se atrevió a decirle a mi padre cosa alguna. Sencillamente se ignoró su esfuerzo por dulcificar algo tan árido. En su homenaje, copio aquí los párrafos iniciales de éste último artículo citado:


«1. EL ARTÍCULO 1.911 DEL CÓDIGO CIVIL Y EL ARCO IRIS.-

Recuerdo que, sin anuncio alguno, surgió un aguacero.

Cerré las ventanas y volví a la mesa de estudio, mientras la lluvia golpeaba los cristales.

En la mesa, el Código Civil. Leí por primera vez en mi vida el artículo que iba a estudiar: 1.911 = “Del cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes presentes y futuros”.

Fue inmediata la impresión de estrechez y dureza. “Menos mal que no responde también con su persona, el deudor”. Se me aparecieron (lecturas, memoria, imaginación) las descripciones de la prisión por deudas, sobre todo en Dickens: La venganza, los Papeles póstumos del Club Pickwic, La cárcel de Marshalsea…

Entretanto (y todo esto en perjuicio, como los recuerdos e imaginaciones del estudio del artículo) cesó de llover y lentamente con las últimas gotas, se cruzó un débil rayo de sol, episodio muy frecuente en mi tierra natal a los comienzos de otoño. Y el arco iris. Embebidos en el arco iris quedaron el texto del 1.911 y los recuerdos dickensianos.» [3]


Ese es el motivo de que yo enjoye los perales: dan brillo por las noches de luna al rielar sobre los discos compactos, mostrando el arco iris de mi padre.
Aranzadi no lo sabe.
No me descubráis el secreto.


"La mujer que yo quiero no necesita..."

(JOAN MANUEL SERRAT)


Se ha agostado el pozo y viajé a Asturias, a Llanes, a la Pola y a Mieres.

Subí a Carabanzo.

No tenía verdes…,

pero me enseñaron una flor azul maravillosa.


"Hay una puesta de Sol en sus párpados...

...hay una puesta de Luna en su vientre..."

(LUIS PASTOR)


[1] Yo soy “hijo de notario”, como Carlos Marx o Salvador Dalí, lo cual nos convierte en una especie peculiar.

[2] Siento mucho el “palabro”.

[3] RAMÓN FERNÁNDEZ PURÓN, “Aspectos de los patrimonios y de las empresas”, Homenaje a Juan Berchmans Vallet de Goytisolo, Volumen VI, págs. 161 a 202, Consejo General del Notariado, Madrid, enero 1988.